En el excelente libro de Shunryu Suzuki: “Mente zen, mente de principiante”, el autor, trata la hipótesis de que los estudiantes noveles de la práctica zen, tienen una mente de “principiantes”:

“La mente del principiante es una mente compasiva, cuando es compasiva es ilimitada”

Que sencillo principio, y que bien aplicable es este axioma a muchos aspectos personales y profesionales.

Cuando nos volvemos “expertos” en una temática desarrollamos metodologías y formas de hacer las cosas; cuando nos acostumbramos a un método, que nos ha aportado beneficios y buenos resultados no solemos hacer revisiones periódicas de mejoras de la técnica, simplemente vamos aplicando los conocimientos de forma automática.

¿Qué pasa si lo analizamos como un principiante? ¿Podremos ver aspectos nuevos? ¿Técnicas novedosas o aproximaciones que no estaban en nuestros esquemas mentales?

Mente de principiante

 

Suzuki era un maestro budista japonés que introdujo en Estados Unidos la filosofía de la escuela Soto Zen.

¡Imagínense el reto que debió ser cambiar paradigmas y transmitir una enseñanza que no era muy conocida en ese momento en el mundo occidental!

Suelo ser de los optimistas con respecto a las generaciones más jóvenes, hago oídos sordos cada vez que escucho a alguien decir la “rancio-frase”:

“En mi época éramos más educados, teníamos otra escala de valores”

No es la realidad, es simplemente una añoranza al pasado “a tiempos mejores” las nuevas generaciones están mejor formadas, tienen más herramientas, suelen ser más tolerantes y comprensivas ante las diferencias (excepciones siempre habrán en todas las edades y épocas).

Lo mejor de una mente principiante, joven o mayor, es que se enfrentan a situaciones con visiones diferentes, no contaminadas con las ideas aprendidas.

Como seres humanos solemos crear hábitos que ordenen nuestra vida y trabajo, esos hábitos garantizan cierta disciplina, seguridad y productividad.

¿Qué sucedería si arriesgáramos y aplicamos el principio de Seth Godin?, por ejemplo, con sus excelentes consejos del libro: “El engaño del Icaro” (2012):

“Si no duda de ti bastante gente, no estás marcando la diferencia”

“Puedes arriesgarte a equivocarte o puedes ser aburrido”

 

Creo que nos viene bien de vez en cuando, romper nuestros esquemas mentales y la forma en la que hacemos las cosas, cambiar de paradigma, dejar de seguir las tendencias y descubrir nuevas aproximaciones, tal y como lo haría un principiante.

La experiencia es importante sí, pero no determinante, si con experiencia y conocimiento somos capaces de darle “la vuelta a la tortilla”, posiblemente descubramos un nuevo mundo, nuevos métodos y mejores resultados. 😉

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